El jefe del bloque de La Libertad Avanza arremetió contra la presión impositiva de la Provincia sobre el sector agropecuario tras el voto del schiarettismo contra Manuel Adorni en el Congreso. La avanzada del dirigente de Karina Milei busca disputarle el liderazgo opositor a Luis Juez y Rodrigo de Loredo, un escenario de fragmentación que genera alivio en El Panal de cara a 2027.
La tregua legislativa entre el oficialismo nacional y el cordobesismo llegó a su fin y abrió paso a una feroz disputa territorial. El diputado nacional y referente de La Libertad Avanza en Córdoba, Gabriel Bornoroni, lanzó una durísima embestida contra el «modelo cordobés» al asegurar que los habitantes de la provincia están “cansados de tanto peronismo”. El jefe de la bancada oficialista aprovechó el malestar por la presión fiscal sobre el campo para levantar su perfil como potencial candidato a gobernador, profundizando un escenario de tercios opositores que, paradójicamente, le devuelve la sonrisa al gobernador Martín Llaryora.
La reacción de Bornoroni se desencadenó luego de que el bloque de diputados del PJ cordobés —alineado con Juan Schiaretti— votara en la Cámara baja a favor de una moción para interpelar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y adelantara su rechazo al proyecto oficialista del «Super Rigi». En un posteo en su cuenta de X, el dirigente libertario apuntó al corazón del relato peronista: la alianza histórica con el sector agropecuario. «El peronismo de Córdoba nuevamente deja a nuestra provincia en el atraso con impuestos asfixiantes que evitan las inversiones», disparó Bornoroni, basándose en un informe privado que detalla que el campo cordobés aporta el doble por Ingresos Brutos que por tasas patrimoniales. Además, contrastó la política provincial con el rumbo de la Casa Rosada: «El gobierno de Javier Milei ya empezó el camino para eliminar las retenciones, pero en Córdoba el gobierno provincial no hizo el mismo esfuerzo».
La movida de Bornoroni busca disputar la centralidad de la oposición cordobesa, hoy atomizada en tres vertientes: la UCR de Rodrigo de Loredo —que camina la provincia con duras críticas a la gestión provincial—, el Frente Cívico de Luis Juez —que acorrala al municipio por el caso Agostina Vega— y el polo libertario puro. En el Centro Cívico observan este mapa con entusiasmo, ya que la división en tercios de la oposición es la garantía que necesita Llaryora para encarar con tranquilidad su proyecto de reelección, evitando que se consolide un frente único. Mientras la oposición se saca chispas, el gobernador se refugia en la gestión y la entrega de equipamiento tecnológico a escuelas para fidelizar el voto en el interior, confiando en que el desgaste entre radicales, juecistas y libertarios le termine pavimentando el camino.
