El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció la medida que entrará en vigencia el 5 de junio contra las dos facciones criminales más poderosas del gigante sudamericano. La decisión de la administración de Donald Trump habilita la aplicación de sanciones financieras y el uso potencial de la fuerza militar.
La Casa Rosada norteamericana dio un paso drástico en su estrategia de seguridad hemisférica al catalogar de forma oficial a las dos mayores redes delictivas de Brasil bajo el estatus jurídico de organizaciones terroristas internacionales. A través de un comunicado firmado por el secretario de Estado, Marco Rubio, el gobierno estadounidense determinó que el Comando Vermelho (CV) y el Primeiro Comando da Capital (PCC) ingresarán formalmente a su lista negra a partir del próximo 5 de junio, argumentando que sus operaciones de narcotráfico, extorsión y sicariato transnacional representan una amenaza directa para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Ambas organizaciones, cuyos orígenes se remontan a las violentas cárceles brasileñas de finales del siglo XX, lograron expandir sus tentáculos criminales por toda la región y cuentan en la actualidad con miles de miembros armados. Según la argumentación expuesta por Rubio, estas bandas civiles han orquestado ataques brutales y sistemáticos contra miembros de las fuerzas policiales, funcionarios públicos y la población civil, logrando ramificar sus redes ilícitas más allá de las fronteras amazónicas. En términos operativos, este nuevo encuadre legal le permite a Washington congelar activos financieros, emitir alertas internacionales y justificar el uso de la fuerza militar en operaciones de persecución, un punto que ya genera intensos debates sobre la soberanía territorial entre los especialistas en derecho internacional.
La medida adoptada forma parte de la agresiva doctrina de combate al narcotráfico que viene implementando el presidente Donald Trump desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025. Bajo esta misma calificación de «narcoterroristas», la Casa Blanca ya ha incluido a estructuras de gran envergadura regional como los carteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, la Mara Salvatrucha en El Salvador y la banda criminal transnacional Tren de Aragua en Venezuela, consolidando un esquema de intervención regional destinado a asfixiar el financiamiento de los grupos delictivos organizados.
