El gobernador desplegó una fuerte agenda de gestión sanitaria con inversiones millonarias en el hospital regional. El movimiento del Panal busca bloquear un eventual triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones municipales del 6 de septiembre, el único turno electoral del año.
El gobernador Martín Llaryora ejecutó un estratégico movimiento de piezas políticas en el sudeste provincial. Con el objetivo de frenar la expansión territorial de las huestes de Javier Milei en el corazón agroindustrial de la provincia, el mandatario cordobés pisó con fuerza Marcos Juárez bajo el paraguas de una nutrida agenda institucional. La comitiva del Panal concretó la entrega de cinco ambulancias y supervisó las obras de ampliación del Hospital Doctor Abel Ayerza —donde la Provincia inyectó una inversión de casi $211 millones—, en una clara demostración de presencia estatal destinada a contrarrestar el discurso de austeridad de la Casa Rosada.
En el plano estrictamente discursivo, Llaryora buscó marcar una fuerte diferenciación con la administración nacional al capitalizar el severo conflicto de cobertura que atraviesa el PAMI en la región, el cual mantiene afectados a más de 5.500 jubilados del departamento. “No es justo que los cordobeses tengamos que hacernos cargo de lo que debería resolver el Gobierno nacional”, disparó el gobernador, instalando la premisa tácita de que el Estado provincial acude al rescate ante el repliegue de los fondos federales. La jugada política estuvo acompañada por la llamativa presencia del exministro de Producción y referente del PRO local, Pedro Dellarossa, quien se exhibió cercano al mandatario y validó los reclamos por la falta de prestaciones nacionales.
La gran obsesión del peronismo cordobés es evitar que la escudería libertaria, comandada a nivel provincial por Gabriel Bornoroni y su alfil Gerardo Pasquali, logre capitalizar el descontento en las urnas el próximo 6 de septiembre. Ante la histórica dificultad del cordobesismo para imponer candidatos propios en ese enclave adverso, la estrategia de Llaryora contempla flexibilizar el armado electoral. El llaryorismo baraja impulsar al funcionario provincial Germán Font, pero no descarta tejer alianzas subterráneas con el vecinalismo o sectores del PRO referenciados en la intendenta Sara Majorel si los números de las encuestas obligan a una coalición amplia con un único norte político: impedir que los violetas canten victoria en la pampa gringa.
