Testigos aseguran haber visto a Claudio Barrelier retirar elementos sospechosos de su casa la noche de la desaparición de la menor de 14 años. Las antenas telefónicas confirmaron que el sospechoso se trasladó en un auto prestado hacia el descampado donde hoy se concentran los rastrillajes.
La investigación penal por la desaparición de Agostina Madeleine Vega sumó indicios de extrema gravedad que acorralan por completo la estrategia defensiva del único imputado. Fuentes directas con acceso al expediente judicial confirmaron que la fiscalía liderada por Raúl Garzón logró reconstruir una secuencia de movimientos sospechosos ejecutados por Claudio Barrelier durante la medianoche del sábado 23 de mayo. Testigos clave declararon haber divisado al acusado abandonando su vivienda de barrio Cofico a bordo de un Ford Ka negro trasladando un tacho de 20 litros, herramientas de excavación y bolsas de consorcio, elementos que no se condicen con una mudanza habitual y que encendieron las máximas alarmas en la Jefatura de Policía.
Ante la filtración de estos datos, el abogado defensor del detenido, Jorge Sánchez del Bianco, intentó justificar el traslado de los baldes, palas y pinzas asegurando que su cliente se disponía a realizar «trabajos de albañilería» en la propiedad de una amiga, quien presuntamente le había facilitado el automóvil. Sin embargo, esta coartada fue demolida en las últimas horas por el cruce tecnológico de las antenas de telefonía celular, las cuales impactaron con precisión milimétrica y ubicaron el dispositivo móvil de Barrelier exactamente en la zona rural de barrio Ampliación Ferreyra, el mismo sector periférico donde este viernes 150 efectivos de cuerpos especiales concentraron los rastrillajes con perros adiestrados.
El panorama procesal de Barrelier terminó de oscurecerse tras el análisis definitivo de las cámaras de seguridad de la cuadra de Juan del Campillo al 800. Tras una serie de contradicciones, la propia defensa tuvo que admitir que la adolescente registrada en las filmaciones ingresando a la propiedad es efectivamente Agostina y no la hija del imputado, como intentaron instalar en un primer momento. Al no existir un solo registro fílmico o testimonial que acredite que la menor de 14 años haya salido de ese domicilio por sus propios medios, la hipótesis de un desenlace violento cobra fuerza minuto a minuto, mientras la expectativa judicial se centra en la inminente declaración indagatoria del sospechoso.
