Los delincuentes alquilaron un departamento en calle Derqui al 300 para montar una oficina de cambio falsa y emboscar a empleados de una financiera. Tras reducirlos y atarlos con precintos, huyeron con el botín sin exhibir armas de fuego.
Un asalto de características cinematográficas y extrema planificación sacudió la tranquilidad del barrio Nueva Córdoba. Una banda de delincuentes estructuró un sofisticado engaño al alquilar de manera temporaria un departamento ubicado en un edificio de la calle Derqui 313, con el único objetivo de montar una estructura operativa idéntica a la de una oficina de cambio ilegal o «cueva». Mediante esta fachada, el grupo delictivo emboscó a dos empleados de una compañía financiera con quienes habían pactado previamente una importante transacción de divisas, logrando alzarse con un botín en efectivo de 50.000 dólares.
El golpe se ejecutó con precisión cronométrica. Siguiendo la rutina habitual para este tipo de operaciones informales, una parte del equipo de la financiera ascendió al inmueble con los billetes norteamericanos en su poder, mientras que sus compañeros de trabajo permanecieron en la vereda del edificio custodiando la zona y aguardando que finalizara la transacción. Sin embargo, al cruzar el umbral del departamento, los supuestos clientes abandonaron la farsa y pasaron de inmediato a la agresión física. Sin la necesidad de exhibir armas de fuego, los delincuentes golpearon a los hombres, los redujeron de forma veloz y los dejaron maniatados con precintos plásticos encerrados en una de las habitaciones para garantizar su escape.
La alerta al sistema de emergencias 911 de la Policía de Córdoba fue activada por los operarios que aguardaban en la vía pública. Al notar el paso del tiempo, la falta absoluta de respuestas a los insistentes llamados telefónicos y que nadie descendía de la unidad, los compañeros de las víctimas sospecharon la emboscada y requirieron auxilio urgente. Las patrullas policiales irrumpieron por la fuerza en la propiedad, donde hallaron a los damnificados inmovilizados en el suelo. Para ese entonces, la banda de asaltantes ya había abandonado el edificio residencial mezclándose entre los transeúntes de la zona, sin dejar rastros aparentes de su paradero.
