El reinicio de sesiones en el Senado bonaerense expuso una feroz interna peronista. El exministro de Seguridad, que en abril bendijo a Axel Kicillof como «el gran candidato a presidente», ahora se alineó con el kirchnerismo duro para desgastar su liderazgo. Detrás de los cruces reglamentarios y los micrófonos cortados, opera una estrategia clara: restarle centralidad al gobernador y forzar la discusión de un plan B para el PJ.
La parálisis legislativa de cuatro meses en el Senado de la provincia de Buenos Aires se rompió de la peor manera para el Poder Ejecutivo. Lo que debió ser un retorno ordenado a la actividad se convirtió en una carnicería a cielo abierto donde el jefe del bloque oficialista, Sergio Berni, expuso sus brutales contradicciones políticas con un único objetivo: desgastar la figura de Axel Kicillof. Tras años de cultivar un perfil díscolo y antikirchnerista, el médico militar ejecutó un sorpresivo volantazo discursivo para posicionarse como el gendarme de la lealtad a Cristina Kirchner, sumándose a la estrategia de los sectores que buscan dinamitar la proyección nacional del gobernador y entronizar una candidatura alternativa en el peronismo.
El archivo que condena a Berni: del «cordón cortado» al «voto a ojos cerrados»
La beligerancia de Berni contra Kicillof en el recinto —donde llegó a recriminarle de forma indirecta la falta de defensa hacia la expresidenta, ganándose el corte de micrófono por parte de la vicegobernadora Verónica Magario— dejó al descubierto un historial de vaivenes ideológicos difícil de digerir para el manual de la coherencia política:
- El divorcio del Instituto Patria (2021): Tras sus ruidosos cruces con Máximo Kirchner, Berni sentenció públicamente su salida del espacio. «Me fui del kirchnerismo, llegó el momento de cortar el cordón umbilical», supo disparar, acusando a La Cámpora de haber perdido la conducción y de alejarse de las bases del Partido Justicialista.
- El romance televisivo (Abril 2026): Hace apenas semanas, el propio Berni se paseó por los estudios de C5N para deshacerse en elogios hacia el mandatario provincial. «Lo votaría a Kicillof con los ojos cerrados. Es el único candidato a presidente parado con una intención clara y visión de futuro», aseguró sin ponerse colorado, minimizando incluso la matriz ideológica de izquierda del gobernador.
- La hostilidad actual (Junio 2026): El mismo dirigente que exigía cortar amarras con el kirchnerismo hoy actúa como el ala más extrema del Patria, exigiéndole a Kicillof una pleitesía institucional que él mismo pisoteó en el pasado.
La estrategia de fondo: imponer un candidato alternativo
Los cruces en el recinto no responden a un arrebato temperamental aislado. Fuentes de los pasillos platenses confirman que existe un plan coordinado por sectores del kirchnerismo tradicional para ponerle un «techo» al liderazgo de Kicillof. Al instalar que la gestión provincial está en falta con la conducción nacional del espacio, buscan esmerilar su instalación como líder natural de la oposición a nivel nacional. La meta final es clara: abrir de forma prematura la discusión por una candidatura presidencial alternativa, evitando que El Panal bonaerense monopolice la lapicera y la conducción del PJ hacia el futuro.
Para sumar presión al combo, el intendente en licencia de José C. Paz, Mario Ishii, aportó el componente social al criticar con dureza el estado de los hospitales provinciales y el colapso alimentario en el Conurbano, arrinconando financieramente a una gestión que ya sufre la asfixia del gobierno nacional. Curiosamente, la severidad con la que el peronismo duro juzga hoy los «pecados de origen» de Kicillof expone una notable doble vara: cuando Leandro Santoro fue candidato en la Ciudad, el espacio cobijó y ocultó bajo la alfombra sus históricos tuits donde acusaba a Néstor y Cristina de querer ser «faraones» y de eludir la lucha contra la dictadura. Con Kicillof, en cambio, la orden parece ser no perdonarle un solo milímetro de autonomía.
