El aberrante castigo se ejecutó este jueves en la provincia de Aceh tras un fallo dictado por un tribunal islámico. Ante la mirada de un centenar de personas, los jóvenes —de 22 y 25 años— recibieron 21 latigazos cada uno con varas de ratán. Organizaciones internacionales de derechos humanos repudiaron el hecho y advirtieron sobre la peligrosa persecución a la libre expresión en plataformas digitales.
La aplicación estricta del código penal fundamentalista religioso sumó un nuevo y alarmante capítulo de violencia física e institucional en el sudeste asiático. Una joven pareja de novios fue sometida a una flagelación pública en Indonesia tras ser condenada por besarse y exhibirse afectuosamente en las redes sociales. El cumplimiento de la sentencia corporal generó un fuerte repudio de la comunidad internacional por la crudeza del castigo frente a un acto de carácter puramente privado.
El trágico espectáculo de castigo se desplegó en un escenario montado en el parque Bustanussalatin de la ciudad de Banda Aceh, capital de la provincia homónima. Vestidos con túnicas blancas que simbolizaban el arrepentimiento forzoso, la joven de 22 años y su pareja de 25 fueron escoltados por verdugos encapuchados que les aplicaron 21 azotes en la espalda utilizando varas de madera de ratán. El tribunal islámico local había fijado inicialmente una pena de 25 latigazos, pero restó cuatro impactos debido a que los imputados ya arrastraban un encierro preventivo de cuatro meses en una prisión regional.
De la viralización en TikTok al arresto
El expediente judicial se inició a raíz de una transmisión en vivo realizada por la pareja a través de la plataforma TikTok durante el mes de febrero. En la grabación, que adquirió una rápida viralidad en los teléfonos de los usuarios locales, ambos interactuaban de forma cariñosa. La difusión del video motivó una seguidilla de denuncias civiles por parte de sectores conservadores ante la policía de la moral, lo que derivó en el arresto de los dos jóvenes en abril y la posterior incautación y destrucción de los soportes digitales utilizados como evidencia de cargo.
De acuerdo con el acta del tribunal de la Sharia, el joven fue hallado culpable de participar en «actos íntimos como besarse y acariciarse con una mujer que no era su esposa, mediando el consentimiento de ambas partes». En la misma jornada de castigo físico masivo, otras cuatro personas del distrito recibieron diferentes dosis de latigazos en público tras haber sido halladas culpables de diversas contravenciones menores contempladas en el código de faltas religiosas.
Aceh: el único bastión de la Sharia
La provincia de Aceh se mantiene como la única región del territorio de Indonesia —el país con la mayor población musulmana del planeta— donde rige de manera oficial la Sharia o ley islámica. Esta prerrogativa legal fue concedida por el Gobierno central de Yakarta en 2006 como parte de un amplio acuerdo de paz destinado a poner fin a un largo conflicto separatista. En 2015, el parlamento provincial endureció el marco regulatorio extendiendo las obligaciones penales religiosas al 1% de la población local que profesa credos no musulmanes.
Bajo este marco jurídico coercitivo, se convalidan de forma regular las palizas públicas por conductas consideradas desviadas, tales como el adulterio, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, el consumo de alcohol, las apuestas de juego o el uso de vestimentas ajustadas en el caso de las mujeres. Las penas máximas vigentes en la jurisprudencia local contemplan castigos de hasta 100 azotes consecutivos, los cuales suelen provocar serias heridas sangrantes e infecciones graves en los condenados.
Alerta global de Amnistía Internacional
El brutal desenlace motivó una dura reacción por parte de los organismos de control de derechos civiles. El portavoz de la sede de Amnistía Internacional en Indonesia, Haeril Halim, emitió una fuerte declaración pública para condenar la flagelación y tildar el episodio como «un acto espantoso de discriminación institucionalizada». El activista alertó que el Código Penal Islámico de Aceh (Qanun Jinayat) traspasó una frontera peligrosa al expandir su estructura de control social e intimidación física hacia la vigilancia de las expresiones pacíficas de los ciudadanos en los entornos virtuales.
