Los operarios de la histórica fábrica familiar ubicada en barrio Cabildo se encontraron este lunes con los portones soldados por dentro y por fuera. Sin telegramas de despido previos ni respuestas telefónicas por parte de los dueños, denuncian que les adeudan dos quincenas, el aguinaldo y las vacaciones. Se cortaron los aportes a las obras sociales y gremiales de la UOM.
La crisis en el sector metalúrgico cordobés sumó una dolorosa postal de desamparo laboral e institucional en la mañana de este lunes. La fábrica de autopartes Crucianelli, una firma de trayectoria familiar radicada en barrio Cabildo, cerró sus puertas de manera definitiva e imprevista. Decenas de operarios se enteraron de que habían perdido sus puestos de trabajo de la forma más cruda: al llegar para iniciar el turno matutino, descubrieron que los ingresos al predio industrial habían sido totalmente clausurados y soldados.
«Vinimos a tomar servicio como siempre y nos encontramos con que todos los portones están cerrados de lado a lado. Los dueños no se presentaron y nos bloquearon de los teléfonos», relató angustiado uno de los delegados del personal ante las cámaras de Canal 10. Los damnificados confirmaron que la patronal arrastraba severos incumplimientos financieros: se les adeuda la primera quincena del mes pasado, los salarios complementarios vencidos este lunes, el medio aguinaldo y los saldos correspondientes a las licencias anuales por vacaciones.
Importaciones, desmanejo y desidia de salud
Los testimonios recogidos en los portones de la planta evidenciaron el trasfondo macroeconómico y administrativo que sepultó la viabilidad de la pyme. Si bien los obreros reconocieron que la baja generalizada en las ventas locales —profundizada por la apertura de importaciones que desplazó los pedidos de autopartes nacionales— venía golpeando la facturación, adjudicaron el tiro de gracia a la impericia dirigencial. Según explicaron, tras el fallecimiento del fundador de la empresa hace dos años, la administración quedó bajo tutela de sus hijos, quienes «aceleraron el quiebre por falta de capacidad y malos negocios, porque trabajo en los talleres seguía habiendo».
El costado más dramático del cierre patronal quedó reflejado en la historia de Carlos Alberto, un operario de 63 años con más de una década y media de antigüedad en las líneas de producción, quien exhibió las secuelas de un grave accidente laboral en el que perdió parte de sus dedos. «Hace ocho meses que la empresa no le paga a la obra social y me cortaron la cobertura de medicamentos. Mi esposa es diabética e hipertensa, no puede dejar los remedios y hoy estamos totalmente en el aire», manifestó quebrado por la impotencia.
Guardias gremiales y asamblea permanente
Frente al estado de abandono absoluto y ante la falta de notificaciones administrativas oficiales o telegramas de despido con las indemnizaciones correspondientes, los 20 operarios afectados resolvieron quedarse apostados en los ingresos a las naves industriales. Horas después de desatado el conflicto, comitivas de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Seccional Córdoba arribaron al complejo fabril de barrio Cabildo para brindar asesoramiento jurídico e iniciar formalmente las denuncias pertinentes ante el Ministerio de Trabajo provincial con el fin de resguardar los activos de la firma.
