A 30 días de los potentes sismos de 7,2 y 7,5 de magnitud que devastaron la costa norte del país, familiares continúan removiendo escombros manualmente para hallar a sus allegados. Con más de 17.000 personas sin hogar y la ayuda crediticia prácticamente paralizada por la coyuntura económica, la recuperación se vuelve una tarea titánica.
A un mes de los dos devastadores terremotos que sacudieron la cordillera de la costa norte de Venezuela, la emergencia humanitaria persiste. Las labores de remoción de escombros en edificaciones colapsadas continúan siendo realizadas de forma artesanal por familiares y voluntarios, tras el retiro de la mayoría de los equipos de rescate internacionales. La última actualización oficial emitida por la gestión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sitúa la cifra de víctimas fatales en 5.398 personas y los heridos en 16.740, concentrándose el mayor impacto en el estado costero de La Guaira.
El panorama habitacional y de infraestructura se mantiene en estado crítico, con 190 edificios colapsados, más de 800 estructuras dañadas y casi 18.000 personas que perdieron su vivienda, muchas de las cuales permanecen alojadas en campamentos de refugio. Mientras el Ejecutivo promete la entrega de miles de soluciones habitacionales para fin de año, las familias damnificadas enfrentan severas trabas presupuestarias para encarar refacciones por cuenta propia: la escasez de crédito bancario y el alto costo de la canasta básica complican el proceso de reconstrucción privada en medio de la compleja realidad socioeconómica nacional.
