En una jornada de altísimo peso institucional, el Rey Carlos III y la Reina Camila fueron protagonistas este martes de una cena de Estado en la Casa Blanca, invitados por el presidente Donald Trump. El monarca británico aprovechó la gala para reforzar el mensaje de unidad transatlántica que horas antes había pronunciado ante el Congreso, calificando la relación entre Londres y Washington como una «piedra angular» para la seguridad mundial, especialmente en un contexto internacional convulsionado por los conflictos en Ucrania e Irán.
La visita, la primera de un monarca británico al Capitolio desde 1991, estuvo marcada por el equilibrio diplomático. Mientras Trump mantiene una relación tensa con el primer ministro Keir Starmer, Carlos III se enfocó en la continuidad histórica del vínculo: «Han permanecido juntos en los mejores y en los peores momentos», afirmó. El Rey también hizo una defensa cerrada de la OTAN, recordándole al mandatario estadounidense que la alianza es el pilar de la defensa mutua, un tema sensible dada la retórica crítica de Trump hacia el organismo tras la crisis en el estrecho de Ormuz.
La velada, organizada por la primera dama Melania Trump, combinó la alta política con la sofisticación. El menú incluyó lenguado meunière y postres de miel presidencial, servidos ante una audiencia que mezcló el poder político con la élite tecnológica, contando con la presencia de figuras como Jeff Bezos, Tim Cook y Jensen Huang. Pese a las diferencias ideológicas que asoman entre las administraciones actuales, la atmósfera buscó proyectar estabilidad y respeto mutuo.
Trump, por su parte, elogió la alocución del Rey ante los legisladores y utilizó el brindis para endurecer su postura contra el programa nuclear iraní, asegurando que el monarca coincide en la necesidad de evitar que Teherán obtenga armamento atómico. Con esta visita de cuatro días, la Corona británica busca reafirmar su rol como puente diplomático fundamental, intentando blindar la «relación especial» ante los vaivenes de la política interna estadounidense y las crecientes amenazas geopolíticas.
