En un movimiento que sacude el tablero político nacional, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, aterrizará el próximo viernes en territorio cordobés. Bajo un estricto hermetismo y con una agenda diseñada para no friccionar con el Centro Cívico, el bonaerense busca poner un pie en la provincia más refractaria a su espacio político. El escenario elegido es el Congreso nacional de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) en La Falda, donde compartirá protagonismo con el titular de la CGT, Héctor Daer.
Este viaje no es una visita institucional más; representa el inicio formal de su construcción presidencial de cara a 2027 en el «impenetrable» cordobés. Consciente de que Córdoba fue el bastión que le dio el triunfo a Javier Milei y donde el kirchnerismo apenas superó el 5% en las últimas legislativas, Kicillof apuesta a una estrategia de «seducción silenciosa». La consigna de su equipo es clara: «salir bien parado» de una provincia donde la identidad política local suele castigar con dureza cualquier asomo de centralismo porteño o ligazón estrecha con el Instituto Patria.
La relación con Martín Llaryora es el otro gran eje de este desembarco. Aunque ambos mandatarios mantienen canales de diálogo abiertos frente al ajuste nacional de Milei, el cordobés mantiene una distancia prudencial. Para Llaryora, una foto junto a Kicillof podría ser «piantavotos» en plena campaña por su reelección, mientras que para el bonaerense, molestar al «comandante» del peronismo mediterráneo cerraría puertas antes de tiempo. Por ahora, el armado se concentra en dirigentes territoriales y sindicales que ven en Kicillof la principal alternativa opositora al modelo libertario.
Tras el acto en La Falda, se barajan actividades en universidades o firmas de convenios con intendentes del interior que buscan autonomía económica. El objetivo político es ambicioso: reconstruir el piso electoral del 30% que supo tener el peronismo nacional en Córdoba en 2019, alejándose del magro 25% obtenido por Sergio Massa en el último balotaje. En el entorno de Kicillof saben que, sin una buena performance en la provincia mediterránea, cualquier sueño presidencial quedará trunco en la General Paz.
