A pesar de la fuerte caída en la recaudación y los recortes de transferencias nacionales, la gestión de Daniel Passerini logró mantener el equilibrio financiero entre enero y abril de 2026.
El Palacio 6 de Julio reportó un balance positivo en el arranque del año, resultado de una estricta política de austeridad y reordenamiento del gasto público. Según los datos oficiales, el municipio enfrentó una disminución real de sus ingresos —producto de la recesión económica y la quita de subsidios nacionales al transporte y educación—, pero logró compensar el bache mediante la optimización de partidas operativas y la postergación de obras no prioritarias.
Desde el Ejecutivo municipal destacaron que este superávit es «financiero y operativo», lo que permite garantizar el pago de salarios y la prestación de servicios esenciales sin recurrir a endeudamiento externo. Sin embargo, advirtieron que el escenario para el resto del año sigue siendo desafiante debido a la persistente inflación y la incertidumbre sobre la coparticipación. Este resultado contable le otorga a Passerini un margen de maniobra político frente a los reclamos gremiales y la presión de los intendentes federales por una distribución más equitativa de los recursos.
