Se trata de dos hombres con antecedentes de viaje recientes a la República Democrática del Congo y Uganda, países que sufren una fuerte ola de contagios de una variante letal. Aunque los primeros análisis detectaron meningitis y malaria, se esperan los exámenes específicos para descartar el virus.
El sistema sanitario de Sudamérica encendió sus luces de alerta epidemiológica. Las autoridades de salud de Brasil confirmaron la activación de protocolos de bioseguridad y el aislamiento preventivo de dos pacientes masculinos en las metrópolis de San Pablo y Río de Janeiro. Ambos individuos ingresaron recientemente a territorio brasileño procedentes de la zona central de África, región geográfica que experimenta una propagación de contagios de una rara cepa de ébola. La contingencia internacional motivó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el pasado 17 de mayo la emergencia de salud pública de importancia internacional, ante los severos cuadros hemorrágicos registrados en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda.
El primer paciente detectado corresponde a un hombre de 37 años que desembarcó en San Pablo tras una estadía en la RDC. Al presentar registros de fiebre alta y dolores corporales, fue derivado de urgencia a una sala de aislamiento del Instituto de Infectología Emílio Ribas. Si bien las primeras pruebas de laboratorio arrojaron que el cuadro responde a una meningitis grave, la gobernación paulista ratificó que la investigación de protocolo por ébola continuará vigente hasta que concluyan las contrapruebas específicas. Paralelamente, en Río de Janeiro se confinó a un ciudadano proveniente de Uganda que manifestó diarrea, escalofríos y tos. Los análisis preliminares confirmaron que porta el parásito de la malaria, aunque su monitoreo clínico sigue bajo estricta observación microbiológica.
La variante del virus que causó el brote en África central fue identificada como Bundibugyo, una mutación patógena altamente contagiosa para la cual no existen vacunas preventivas ni tratamientos médicos específicos homologados. Desde el inicio de la emergencia a mediados de mayo, el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades ya contabilizó más de 1.000 casos sospechosos y cerca de 250 fallecimientos en territorio congoleño. A pesar del impacto de la noticia, los equipos epidemiológicos de San Pablo llevaron tranquilidad a la población regional al precisar que, de acuerdo con las evaluaciones de las rutas aéreas y los vectores de transmisión — fluidos corporales con un periodo de incubación de hasta 21 días —, el riesgo real de una introducción masiva de la enfermedad en el continente americano permanece en niveles muy bajos.
