El país atraviesa el peor escenario epidemiológico de su historia para esta enfermedad de transmisión sexual, con 47.000 diagnósticos anuales, superando ampliamente al VIH. El 76% de los afectados son jóvenes de entre 15 y 39 años. En territorio cordobés los casos treparon a 7.500, impulsando un fuerte llamado de los médicos a reforzar el uso de preservativo y los testeos rápidos.
El crecimiento descontrolado de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) encendió las luces de alerta roja en los ministerios de salud de todo el país. Impulsado por la reciente viralización del crudo testimonio de una joven en redes sociales, el debate médico volvió a instalarse en la agenda pública: Argentina enfrenta el mayor récord histórico de casos de sífilis, una enfermedad que se creía controlada y que hoy afecta principalmente a la población joven, registrando un crecimiento exponencial año tras año.
Los datos estadísticos provistos por el boletín epidemiológico oficial desnudan la gravedad de la situación actual. Mientras que en 2024 se habían notificado 37.000 infecciones, las cifras oficiales escalaron drásticamente a 47.000 casos positivos. El dato que más preocupa a los infectólogos es la relación de contagio: actualmente se detectan siete casos de sífilis por cada nuevo diagnóstico de VIH. La franja etaria más vulnerable está compuesta por adolescentes y adultos jóvenes de entre 15 y 39 años, quienes concentran el 76% de los reportes. En este mapa crítico, la provincia de Córdoba se consolidó como uno de los distritos más afectados del territorio nacional al contabilizar 7.500 diagnósticos, marcando un preocupante incremento del 8% interanual.
La patología, provocada por la bacteria Treponema pallidum, se transmite por vías sexuales (vaginal, anal u oral) y también de forma congénita de madre a hijo durante la gestación. Los especialistas remarcan que la infección avanza de forma silenciosa en tres etapas bien diferenciadas. La primera fase se manifiesta con un «chancro» (una úlcera indolora en genitales o boca que suele confundirse con herpes); la segunda etapa presenta erupciones cutáneas y sarpullidos; mientras que la tercera etapa puede entrar en un periodo latente de años que, de no ser tratado a tiempo, deriva en un cuadro terciario con daños irreversibles en el cerebro, el corazón y el sistema ocular. Pese a la agresividad de la bacteria, el tratamiento definitivo es sumamente accesible y efectivo: consiste en la aplicación de tres dosis semanales de penicilina (con un costo de entre 20.000 y 30.000 pesos por frasco), por lo que la comunidad médica insiste en la necesidad vital de exigir el uso de preservativo y realizarse análisis de sangre de rutina para cortar la cadena de transmisión.
