El Comando Central estadounidense (CENTCOM) destruyó decenas de objetivos militares estratégicos tras la ruptura del acuerdo provisional por parte del presidente Donald Trump. Teherán denunció ataques cerca de un hospital infantil y amenazó con devastar la infraestructura de toda la región si la ofensiva avanza hacia su red eléctrica.
El conflicto en Medio Oriente ingresó en una fase de máxima hostilidad. El Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) ejecutó este jueves una masiva ola de bombardeos con aviones de combate, buques de guerra y drones contra decenas de objetivos militares en territorio iraní. Se trata de la sexta jornada consecutiva de ataques de precisión orientados a desmantelar la infraestructura logística, los sistemas de defensa aérea y las estaciones de vigilancia costera de la República Islámica.
La reactivación de la ofensiva militar fue ordenada por el presidente Donald Trump tras dar por finalizado el memorando de entendimiento que se había firmado el pasado 17 de junio. La Casa Rosada norteamericana responsabilizó de forma directa a Teherán por los recientes ataques con misiles y drones contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz, una vía fluvial clave por donde circula el 20% del petróleo global. Para sostener el bloqueo y responder a las amenazas, Washington mantiene a más de 50.000 militares desplegados en la región en estado de máxima alerta.
El impacto de los misiles y la denuncia por crímenes de guerra
Las autoridades iraníes confirmaron que los proyectiles norteamericanos impactaron contra un aeropuerto en la provincia norteña de Semnan, aunque aclararon que no se registraron víctimas mortales en esa posición. Sin embargo, el gobierno de Teherán elevó una dura denuncia internacional contra Washington, acusándolo de cometer «un crimen de guerra» tras el bombardeo a las inmediaciones de un hospital oncológico infantil en la ciudad suroccidental de Ahvaz.
La respuesta del mando militar central iraní no se hizo esperar. A través de los medios estatales, advirtieron que si las fuerzas de EE.UU. atacan la red eléctrica o los puentes del país, responderán destruyendo «toda la infraestructura de la región». Además, Teherán ya solicitó formalmente a sus aliados rebeldes hutíes en Yemen que procedan al cierre total de la ruta petrolera del Mar Rojo para asfixiar el comercio de Occidente.
Colapso comercial en Ormuz y desplome del rial
Los efectos económicos y logísticos del recrudecimiento de las hostilidades ya se sienten a nivel global. El tráfico comercial convencional en el estrecho de Ormuz quedó prácticamente paralizado y el flujo de crudo cayó de 9,4 millones a apenas 5,5 millones de barriles diarios en una semana. Las petroleras internacionales navegan con los sistemas de rastreo satelital apagados para evitar ser blanco de las minas y los misiles iraníes, mientras que el precio del barril de crudo Brent se disparó un 11%.
La reimposición del cerco naval estadounidense sobre los puertos de la República Islámica también desató una corrida cambiaria histórica en el mercado negro de Teherán. El rial iraní sufrió una devaluación dramática del 20%, cotizando en torno a los 1,9 millones de riales por dólar, lo que amenaza con sepultar la ya castigada economía interna del país persa.
Por su parte, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, descartó de plano una invasión terrestre masiva. «No vamos a enviar 150.000 soldados para lograr un cambio de régimen», afirmó, asegurando que la estrategia actual combinará la asfixia económica con ataques quirúrgicos —como el ejecutado este jueves contra un superpetrolero de bandera de Curazao en la terminal de Kharg Island— para obligar a Irán a reabrir el estrecho bajo las normas internacionales.
