Un análisis de The Economist advierte sobre el escalamiento del conflicto tras la introducción masiva de drones Shahed con propulsión a reacción y el incremento de ataques con misiles balísticos. La estrategia de Moscú apunta a colapsar la economía, la red eléctrica y el sistema de transporte ucraniano de cara al próximo invierno, mientras la diplomacia internacional evalúa un acuerdo técnico en Abu Dabi.
La guerra en Europa del Este ingresó en una etapa de alta intensidad marcada por la profundización de la ofensiva rusa sobre la infraestructura estratégica y los centros urbanos de Ucrania, incluyendo la capital, Kiev. Según un relevamiento publicado por el medio especializado The Economist, el despliegue a gran escala de drones Shahed equipados con motores a reacción y el incremento en la producción de misiles balísticos —estimado en más de 100 unidades mensuales por parte de Moscú— han desdibujado la brecha entre la línea de combate y la retaguardia, generando severas afectaciones en la logística ferroviaria, la capacidad de exportación puerto-marítima en Odesa y los centros de almacenamiento de combustible.
Pese a que las fuerzas ucranianas mantienen la estabilidad territorial en el frente de batalla (donde la aviación no tripulada FPV y los vehículos robóticos dominan la denominada «zona de muerte»), el país enfrenta serias dificultades en materia financiera y de defensa antiaérea ante la escasez de interceptores Patriot. El informe resalta que las pérdidas en la producción de acero de las plantas de Zaporizhzhia y Kryvyi Rih cayeron un 60%, amenazando los ingresos fiscales del gobierno de Volodímir Zelenski. En el plano diplomático, tras contactos preliminares entre enviados estadounidenses y representantes de ambos países, se especula con una posible ronda de negociaciones técnicas en Abu Dabi orientada a liberar las exportaciones agrícolas y energéticas en el Mar Negro.
