En un contexto de fuerte retracción económica y caída en la coparticipación federal, el Ministro de Vinculación de Córdoba, Miguel Siciliano, destacó la salud financiera de la provincia. El funcionario subrayó que Córdoba se consolida como uno de los pocos distritos del país en sostener el superávit fiscal sin desatender la inversión pública ni los programas de asistencia, marcando una clara diferencia con la gestión nacional y otras jurisdicciones en crisis.
Siciliano fue tajante al separar el concepto de «equilibrio fiscal» del de «ajuste ciego». Según el ministro, la administración del gobernador Martín Llaryora demuestra que es posible mantener las cuentas ordenadas mientras se ejecutan obras de infraestructura y se fortalecen programas históricos como el Paicor, el Boleto Educativo Gratuito y los planes de empleo PPP y +26. «Tener superávit no es ajustar a la gente, es administrar bien», afirmó, al tiempo que resaltó la expansión del sistema universitario en el interior provincial con 15 nuevas instituciones próximas a inaugurarse.
El diagnóstico del ministro surge en un momento crítico: la recaudación nacional acumula ocho meses de pérdida real frente a la inflación y las transferencias automáticas a las provincias cayeron un 6,4% en el primer trimestre. Ante esta escasez de recursos que asfixia a la mayoría de los gobernadores, Siciliano posicionó a Córdoba como una excepción basada en una economía ligada a los sectores productivos y una planificación que prioriza lo que denominó «superávit social».
Para el gobierno provincial, el ordenamiento de los números es un medio y no un fin en sí mismo. El mensaje político de Siciliano apunta a consolidar el «modelo Córdoba» como una alternativa de gestión que combina responsabilidad fiscal con inclusión. «El camino es ordenar para crecer y crecer para incluir», concluyó el funcionario, reforzando la narrativa de una provincia que, pese al complejo panorama nacional, apuesta a sostener el ritmo de inversión y la paz social.
