El Gobierno de la provincia de Córdoba dio un paso firme para frenar la ola de falsas alarmas que mantiene en vilo a la comunidad educativa. A través del Boletín Oficial, se formalizó este lunes el protocolo que obliga a los padres o tutores a resarcir económicamente al Estado por los gastos derivados de operativos ante amenazas en escuelas. La medida, impulsada por el Ministerio de Seguridad, busca generar conciencia sobre el uso responsable de los recursos públicos y el impacto social de estas «bromas» que movilizan a cientos de efectivos y servicios de emergencia.
A partir de ahora, cada vez que se detecte una amenaza, el Ministerio Público Fiscal identificará a los autores y a sus responsables adultos. Una vez cuantificado el gasto del despliegue (policía, bomberos, logística y ambulancias), la Provincia emitirá una intimación de pago con un plazo perentorio de cinco días. En caso de que los padres no abonen el costo del operativo, la Fiscalía de Estado iniciará acciones judiciales de recuperación, convirtiendo la travesura juvenil en una carga financiera directa para el patrimonio familiar.
Desde el ámbito social, la normativa responde a un hartazgo generalizado ante la interrupción constante de las clases y la angustia que generan estos episodios en el resto de los padres y alumnos. Los operativos de seguridad no solo implican un gasto millonario para el erario público, sino que también distraen recursos esenciales que deberían estar destinados a la prevención del delito en los barrios. La decisión política es clara: la responsabilidad de la conducta de los menores en el ámbito digital y escolar recae directamente sobre quienes deben velar por su educación y supervisión.
Con esta implementación, Córdoba se pone a la vanguardia en la sanción de comportamientos que atentan contra la paz social. Se espera que el impacto en el bolsillo de los tutores actúe como un fuerte disuasivo para terminar con una modalidad que ha crecido de manera alarmante en el último tiempo. La comunidad educativa celebra que se establezcan límites concretos, recordándole a la sociedad que el sistema de emergencias es de todos y que las acciones irresponsables tienen, finalmente, consecuencias reales y costosas.
