El Pentágono desplegó aviones de reconocimiento de alta tecnología en las costas cubanas, repitiendo el patrón de vigilancia utilizado previamente en conflictos con Venezuela e Irán.
La inteligencia militar de Estados Unidos aumentó drásticamente la frecuencia de sus operaciones aéreas cerca del espacio soberano de Cuba. Según reportes estratégicos, el despliegue incluye aeronaves de última generación diseñadas para la interceptación de comunicaciones y el mapeo de defensas electrónicas. Expertos en geopolítica advierten que este incremento en la actividad de reconocimiento no es aislado, sino que calca los protocolos de presión aplicados anteriormente sobre los gobiernos de Caracas y Teherán en momentos de máxima fricción diplomática.
El uso de estos activos militares sugiere una fase de «recolección crítica de datos» por parte del Comando Sur. Las naves operan desde bases en el estado de Florida, sobrevolando aguas internacionales pero con sensores capaces de penetrar profundamente en el territorio isleño. Mientras el Departamento de Defensa mantiene hermetismo sobre los objetivos específicos, el gobierno cubano denunció estas acciones como una violación encubierta y una provocación que pone en riesgo la estabilidad de la región en un contexto de creciente polarización.
