18 December 2025, Hesse, Frankfurt/Main: ECB President Christine Lagarde speaks at a press conference on the occasion of the ECB Governing Council meeting. Photo: Boris Roessler/dpa (Photo by Boris Roessler/picture alliance via Getty Images)
El impacto económico del conflicto bélico en Oriente Medio ya se siente con fuerza en el Viejo Continente. Según datos oficiales de Eurostat difundidos este jueves 30 de abril, la inflación en la eurozona trepó al 3% anual durante abril, impulsada principalmente por un incremento del 10,9% en los costos energéticos. El bloqueo iraní al estratégico estrecho de Ormuz llevó el precio del barril de petróleo por encima de los 120 dólares, duplicando prácticamente su valor en apenas dos meses.
Esta escalada de precios ocurre en un momento de extrema fragilidad para la economía europea, que registró un crecimiento casi nulo del 0,1% en el primer trimestre. La combinación de una inflación persistente y una actividad económica estancada ha encendido las alarmas sobre un posible escenario de «estanflación». Este fenómeno representa un verdadero rompecabezas para el Banco Central Europeo (BCE), ya que subir las tasas de interés para frenar los precios podría terminar de hundir el consumo y la producción.
Por el momento, la entidad presidida por Christine Lagarde decidió mantener la tasa de referencia en el 2%, a pesar de que la inflación ya superó el objetivo anual. Lagarde buscó llevar tranquilidad al asegurar que la situación actual no es comparable a la crisis petrolera de los años 70, argumentando que hoy el mercado laboral es mucho más robusto. Sin embargo, en las calles y estaciones de servicio de Europa, el malestar crece a la par del costo de los combustibles.
El panorama internacional no es más alentador, ya que las principales potencias económicas como Estados Unidos, Inglaterra y Japón también optaron por la cautela y no movieron sus tasas esta semana. Con el flujo petrolero mundial amenazado por el cierre de rutas marítimas cruciales, la economía global entra en una fase de incertidumbre donde el costo de la energía se ha convertido en el principal factor de inestabilidad política y social.
