Marcha de la CGT a Plaza de Mayo por el día del Trabajo, 30 de abril de 2026 en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Foto: Francisco Loureiro
En la previa del Día del Trabajador, la Confederación General del Trabajo (CGT) trasladó este jueves su reclamo al corazón de Buenos Aires con una masiva movilización a Plaza de Mayo. Los principales referentes de la central obrera lanzaron durísimas críticas a la gestión de Javier Milei, centrando sus cuestionamientos en el impacto de la política económica y la reforma laboral que se dirime en la Justicia. Bajo la consigna “El trabajo es con derechos o es esclavo”, el acto sirvió para que el triunvirato cegetista advirtiera que la «paciencia se acabó».
Frente a la Casa Rosada, los oradores Octavio Argüello, Cristian Jerónimo y Jorge Sola compartieron la lectura de un documento que describió una situación «crítica» para los asalariados y jubilados. Argüello fue el más tajante al pedir «profundizar el conflicto» y señalar que no se puede construir un país quitando derechos. Por su parte, Jerónimo subrayó que la crisis se palpa en el cierre de comercios y la pérdida del poder adquisitivo, mientras que Sola cuestionó la veracidad de los indicadores oficiales de pobreza difundidos por el INDEC.
La movilización en la capital nacional tuvo también un condimento emotivo con un homenaje al papa Francisco, fallecido hace un año, cuyas ideas sociales fueron reivindicadas por curas villeros presentes en el escenario. Pese a la fuerte retórica, la conducción nacional evitó ponerle fecha a un nuevo paro general, aunque la presión de los sectores más «combativos» y de agrupaciones que hostigaron a la cúpula con cánticos exigiendo una huelga de 36 horas dejó el escenario abierto para futuras medidas de fuerza.
Para el Gobierno Nacional, que siguió los pormenores de la marcha desde Balcarce 50, la protesta representó un nuevo desafío en medio de un clima social caldeado. Mientras en Córdoba los gremios locales replicaron los reclamos con sus propias agendas, la mirada se posó ayer en Buenos Aires, donde la CGT buscó demostrar músculo político y unidad institucional frente a lo que definen como un «modelo de exclusión» que amenaza la paz social y la estabilidad de los trabajadores argentinos.
