El histórico barrio de San Vicente vive horas de profunda angustia tras el cierre definitivo de Gomas Gaspar, una fábrica de suelas y componentes para calzado con más de tres décadas de trayectoria en Córdoba. La empresa, que supo ser proveedora de las principales marcas nacionales, cesó sus operaciones dejando a 40 trabajadores en la calle. El conflicto escala ante las graves denuncias de los empleados, quienes aseguran que el dueño los obligó a trabajar «en negro» bajo falsas promesas de pago antes de desaparecer y dejar la planta a la deriva.
La situación de los operarios es desesperante. Según relató Arturo Pitkard, delegado del Sindicato Obrero del Caucho, la firma —propiedad del ingeniero Rodolfo Polero— ya arrastraba problemas financieros y se encontraba concursada. Tras otorgar vacaciones forzadas, la patronal comenzó con el envío de telegramas de despido, pero luego habría solicitado a los empleados continuar con la producción de manera informal para «levantar la fábrica». Sin embargo, las deudas salariales, el aguinaldo y las indemnizaciones correspondientes nunca fueron abonadas, y los trabajadores denuncian que el empresario comenzó a desmantelar las instalaciones.
Los testimonios recogidos en la puerta de la fábrica reflejan el costado más crudo de la crisis. Casos como el de Fabián Córdoba, con 18 años de antigüedad y una esposa que requiere medicación de alto costo, o Carlos, padre de tres hijos y uno en camino, evidencian la desprotección total. «Nos cerró la puerta y nos dijo ‘arréglense como puedan’; es una impunidad impresionante», manifestaron los afectados, quienes ahora deben recurrir a «changas» para subsistir mientras esperan una respuesta judicial que parece no llegar.
El cierre de Gomas Gaspar no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un proceso de desindustrialización que golpea fuerte al sector del calzado a nivel nacional. La caída del consumo interno, el aumento de costos y la competencia de productos importados han forzado a otras grandes firmas, como John Foos o Grupo Dass, a reducir personal o directamente cerrar sus plantas de fabricación para pasar al modelo importador. En Córdoba, la desaparición de esta histórica pyme deja un vacío productivo y social en un barrio de profunda tradición obrera.
